FITUR 2026: Bariloche todo el año, naturaleza, lujo y sabor en cada estación
Entrevista a Cecilia Caldelari, técnica del área de promoción de Bariloche, en el marco de FITUR 2026
Enclavada entre lagos cristalinos, bosques milenarios y montañas que tocan el cielo, San Carlos de Bariloche no es solo un destino turístico: es una experiencia sensorial que se renueva con cada estación. En esta entrevista exclusiva, Cecilia Caldelari, técnica del área de promoción de Bariloche y responsable del mercado español, nos abre las puertas a un destino que combina naturaleza virgen, gastronomía de autor, sostenibilidad comprometida y una sorprendente versatilidad para todo tipo de viajeros —desde familias y aventureros hasta parejas que eligen sus paisajes para sellar su amor en bodas de ensueño. Descubra por qué Bariloche brilla tanto en invierno como en verano, y por qué su propuesta va mucho más allá del chocolate.
Bariloche es un destino súper consolidado, sobre todo en turismo de naturaleza, ¿cierto? Justamente, como son un destino tan fuerte en naturaleza y aventura, quería saber cómo lo diversifican hacia un público premium o de lujo.
Efectivamente. Estamos dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi, uno de los primeros parques nacionales de la República Argentina, junto con el de Iguazú. Ese entorno natural define nuestros principales atractivos, que giran en torno al turismo de naturaleza.
Bariloche es un destino muy versátil y amplio en cuanto a actividades y segmentos. Contamos con opciones de turismo de alta gama y lujo: tenemos varios hoteles cinco estrellas entre los mejores de Sudamérica e incluso del mundo.
Esto se complementa con actividades y excursiones totalmente personalizadas: por ejemplo, un paseo en velero por el lago Nahuel Huapi, o una cabalgata de lujo que incluye un asado espectacular.
Además, apuntamos a distintos grupos etarios. Tenemos muchas actividades familiares, ideales para niños pequeños y personas mayores, que pueden disfrutarlas juntos. También recibimos muchos grupos de amigos jóvenes que buscan adrenalina, siempre en entornos naturales. Y, por supuesto, adultos mayores que eligen Bariloche por sus actividades más contemplativas y tranquilas, como la navegación al lago Nahuel Huapi, la Isla Victoria o el bosque de Arrayanes.
¿Qué estrategias tienen para desestacionalizar el turismo y mantenerlo activo todo el año?
Tenemos dos temporadas muy marcadas: el invierno —especialmente julio y agosto—, en la que somos un destino de nieve, y el verano, tras las fiestas de fin de año, en enero y parte de febrero.
En las temporadas bajas y medias, trabajamos fuertemente en promocionar Bariloche como un destino de todo el año. Las actividades están operativas durante los 365 días, y los hoteles permanecen abiertos.
Además, el turismo de reuniones ha sido clave para la desestacionalización, especialmente en octubre y noviembre. Las bodas de destino son uno de los productos que más han crecido en los últimos años, tanto en esa época como en verano.
¿De dónde vienen principalmente esas parejas?
Sobre todo de Europa —muchos franceses—, pero también de Colombia y Chile. A veces es porque ya conocieron Argentina en viajes anteriores y Bariloche fue su lugar favorito; otras veces, porque uno de los miembros de la pareja es argentino.
Además, en verano hemos tenido días con temperaturas altas —hasta 30 o 32 grados—, lo que permite hacer bodas al aire libre con un entorno espectacular. Claro, ahora mismo hace frío, pero ese calor prolongado es algo nuevo para nosotros. Aprovechamos esa posibilidad para ofrecer ceremonias exteriores inolvidables.
Hablando de turistas internacionales: ¿suelen repetir en Bariloche? ¿Tienen algún indicador al respecto?
Sí, repiten. Aunque para mercados lejanos como Europa o Estados Unidos, el costo del viaje dificulta los retornos frecuentes. Sin embargo, sí vemos casos: recientemente hablé con una pareja que viene por segunda vez y esta vez va directo a Mendoza y Bariloche, sin pasar por Buenos Aires.
Nuestros mercados más recurrentes son los limítrofes: Brasil, nuestro principal mercado, y Chile, el segundo. Los brasileños solían venir solo en invierno por la nieve, pero ahora cada vez más nos piden primavera y verano. De hecho, hay mucha presencia brasileña en esta época.
Ahora, sobre sostenibilidad: dado que Bariloche se basa en turismo natural y de aventura, ¿cómo promueven o cuidan el turismo responsable?
Primero, recordamos constantemente que estamos dentro de un parque nacional. Por eso insistimos en buenas prácticas: por ejemplo, que cada visitante se lleve su basura.
También tuvimos un programa fuerte de separación de residuos, y actualmente contamos con el programa nacional “Hoteles Más Verdes”, impulsado por la Asociación de Hoteles de Turismo, que agrupa a establecimientos cuatro y cinco estrellas. Varios hoteles de Bariloche ya están certificados en distintos niveles de este programa.
Para terminar, me gustaría preguntarte por la gastronomía local. He leído sobre el enoturismo patagónico, me encantaría que me contaras un poco al respecto.
¡Es fundamental! Casi ninguna excursión en Bariloche carece de un componente gastronómico: siempre hay un picoteo, un almuerzo o una cena incluida.
Nuestra oferta incluye productos típicos de la región: cordero patagónico, ahumados, frutos rojos, frutos del bosque y chocolates. En bebidas, destacamos la cerveza artesanal, el gin y el whisky, todos producidos localmente.
Respecto al enoturismo: a unos 120-130 km al sur de Bariloche, en El Bolsón y la Comarca Andina —que comparte jurisdicción entre Río Negro y Chubut—, hay varias bodegas boutique con una propuesta turística muy organizada. Son productores apasionados, con vinos de alta calidad, premiados internacionalmente, aunque su producción es pequeña y se comercializa principalmente en la bodega o en vinotecas exclusivas.
Incluso hay excursiones desde Bariloche que incluyen visitas a estas bodegas y a chacras productoras de frutos rojos. No es una industria de gran escala, pero sí una experiencia auténtica y de nicho.
Además, en Bariloche misma hay una gran variedad gastronómica: restaurantes chinos, japoneses, árabes, italianos, franceses… desde cadenas internacionales hasta propuestas gourmet con menús degustación basados en producto local.
Para cerrar: ¿qué le dirías a nuestros lectores para que visiten Bariloche sí o sí?
¡Invitándolos a nuestros eventos imperdibles! Por ejemplo, en Semana Santa se celebra la Fiesta Nacional del Chocolate. La ciudad se viste de chocolate: hay decoraciones, el conejo de Pascua tiene su casa en el Centro Cívico, y el Viernes Santo por la tarde se elabora una barra gigante de más de 220 metros en la calle Mitre. Se templa, se corta y se reparte entre todos los presentes. ¡Realmente vale la pena estar allí!
Otro evento clave es “Bariloche a la Carta”, nuestra semana gastronómica en octubre, que culmina con el fin de semana largo cercano al 12 de octubre. Durante esa semana, los restaurantes ofrecen menús especiales (“Menú Val”), y el cierre es una feria en el Centro Cívico con música en vivo, cervezas artesanales, puestos de productos regionales y una atmósfera increíble al atardecer.
Pero, en realidad, Bariloche vale la pena en cualquier momento del año. Los paisajes cambian con cada estación: en otoño, las montañas se tiñen de rojos, ocres y naranjas; en primavera, todo florece; en verano, los lagos brillan con colores intensos; y en invierno, todo está pintado de blanco por la nieve.




