Groenlandia: El despertar turístico del gigante de hielo en medio de la pugna geopolítica
En los últimos meses, Groenlandia ha dejado de ser solo un punto remoto en el mapa para convertirse en el epicentro de la atención global.
Mientras las potencias mundiales fijan sus ojos en su riqueza mineral y su valor estratégico, el territorio se consolida como el destino definitivo para el turismo de aventura y naturaleza extrema.
La isla más grande del mundo ofrece un catálogo de experiencias que combinan la herencia Inuit con paisajes que parecen extraídos de otro planeta.
Un santuario de hielo y cultura
El principal reclamo de la isla sigue siendo el Fiordo de Ilulissat, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Aquí, el glaciar Sermeq Kujalleq —uno de los más activos del hemisferio norte— vierte toneladas de hielo al mar, creando una procesión de icebergs gigantes que los visitantes pueden recorrer en barco bajo la luz del sol de medianoche.
En el sur, el paisaje se transforma. Pueblos como Qaqortoq y Narsaq ofrecen una cara más amable, con colinas verdes que albergan ruinas vikingas de la época de Erik el Rojo.
Las aguas termales de Uunartoq permiten a los viajeros bañarse en piscinas naturales mientras contemplan los bloques de hielo flotando a pocos metros, una dualidad térmica única en el Ártico.
Experiencias en la última frontera

La oferta turística se adapta rigurosamente a las estaciones. Durante los meses de invierno, entre septiembre y marzo, el cielo de localidades como Kangerlussuaq se tiñe de verde y violeta con las auroras boreales, un espectáculo que atrae a fotógrafos de todo el mundo.
En esta misma época, la isla de Disko se convierte en el escenario ideal para las expediciones en trineo de perros, un método de transporte ancestral que sigue siendo vital para las comunidades locales.
Con la llegada del verano, la actividad se traslada al agua. En regiones como Tasiilaq, el kayak entre hielos permite una conexión silenciosa y profunda con el entorno, mientras que desde el puerto de Nuuk es habitual el avistamiento de ballenas jorobadas y minke, que encuentran en los fiordos su hogar estival.
Bajo la sombra de Washington
Sin embargo, este auge del turismo convive con un clima de creciente tensión diplomática. El renovado interés de Estados Unidos por la isla, que abarca desde la cooperación económica hasta sugerencias de compra o mayor presencia militar, ha marcado la agenda informativa de este 2026.
Para Washington, Groenlandia no es solo un destino exótico; es una pieza estratégica vital para el control de las nuevas rutas comerciales del Ártico y la seguridad nacional.
Esta "fiebre del hielo" ha impulsado mejoras críticas en la infraestructura, como la ampliación de los aeropuertos de Nuuk e Ilulissat. Estas obras facilitan la llegada de una nueva ola de viajeros que buscan conocer la esencia del Ártico antes de que el mapa geopolítico y el cambio climático transformen el paisaje para siempre.




