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La Huella de España en Cuba

20 de Noviembre de 2019 7:07am
Redacción Caribbean News Digital
huella de españa

Después de que Cuba dejase de ser colonia de España por más de 400 años, La Habana representó durante las primeras décadas del siglo XX, el puerto a través del cual llegaban las esperanzas y aspiraciones para decenas de miles de inmigrantes, quienes arribaban en masa desde distintas regiones de la península con los deseos de «hacer la América». 

Esa inmigración asentada en la ciudad aportó una cara de la capital cubana caracterizada por las tradiciones y culturas importadas. Un legado que, más de un siglo después, aún podemos percibir si transitamos diferentes rutas que marcan las huellas que esas colectividades dejaron en La Habana, las cuales recogen una historia. 

RUTA I: LA LLEGADA

Llamemos al primer recorrido La Llegada, que inicia con la visita a la bahía de La Habana. Embarcarse en los transatlánticos era el único camino posible para los hombres y mujeres que atravesaban el Atlántico, quienes sabían que finalmente habían desembarcado en la ciudad al observar el Castillo de los Tres Reyes del Morro y la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña. Visitar ambas edificaciones es un boleto seguro al pasado colonial. Otros dos lugares imperdibles de esta ruta inicial son los poblados Casablanca y Regla, ubicados en las proximidades. 

Casablanca, un barrio de tradición pesquera, resultó el hogar de muchos pescadores gallegos, quienes se asentaban para seguir realizando el empleo que conocían. A Casablanca se puede tener acceso a través de una embarcación desde el extremo donde se encuentra el Malecón, que se dirige a un muelle. Al desembarcar en el pueblo se pueden apreciar unos astilleros y viveros, que servían como enclaves para la reparación y resguardo de las flotas, así como diversas edificaciones que le dieron cobija a los inmigrantes. 

Uno de los lugares de más importancia para la historia de la inmigración española en La Habana es, sin dudas, el campamento Triscornia, ubicado también en Casablanca, que funcionó desde 1900 a 1959, como centro de cuarentena para los recién llegados que no tenían dinero, carta de trabajo o estaban enfermos, algo similar a lo que ocurrió en la ciudad de Nueva York con Ellis Island. Regla, el pueblo vecino, también refugió a muchos inmigrantes que se vincularon a la actividad portuaria y a diferentes comercios como bodegas y almacenes.

RUTA II: DEL EMPLEO

Una segunda ruta sería la del Empleo, pues el ámbito laboral constituyó otra de las formas en la que la inmigración española se hizo sentir en el desarrollo económico habanero. En este recorrido se conocerán sitios emblemáticos que fueron, o aún son,  sedes de mercados, industrias u otras empresas en las que españoles y españolas encontraron el trabajo que les permitió subsistir y enviar remesas a sus familias en España. 

El municipio de Centro Habana se convirtió en una zona de fuerte presencia laboral española. Aquí se encuentran fábricas de tabacos como la de Partagás y H. Upmann, sector en el que no solo los hombres se insertaron como tabaqueros, sino también las mujeres, quienes ocupaban puestos como despalilladoras de las hojas del tabaco. 

Los comercios igualmente se destacaron en este sentido. En la antigua plaza Vapor, actual Parque El Curita, se encontraban numerosos establecimientos donde se ofertaban diversos productos, así como en el Mercado Único, conocido popularmente como Cuatro Caminos. Otro empleo ejercido con destacada representatividad fue el de repartidores de leche, por lo que todavía se conserva el edificio de la Antigua Compañía Lechera de Cuba S.A, que contó con fuerza laboral procedente de Canarias y Galicia.

RUTA III: VIVIENDA Y SALUD

La siguiente ruta está dirigida a la Vivienda y a la Salud de la emigración. La Habana, como toda urbe receptora de inmigrantes, durante la primera mitad del siglo XX conformó sus diferentes barrios con una fuerte presencia de diferentes colectividades españolas que contribuyeron a su desarrollo urbanístico. Luyanó, Santos Suárez y Cerro son ejemplos del asentamiento residencial, comercial y de casas de salud creadas por colectividades gallegas, asturianas, canarias, castellanas y baleares.

En el municipio del Cerro, el Centro Asturiano de La Habana construyó la Quinta Covadonga, como en la actualidad se le conoce, convertido en uno de los principales hospitales de la ciudad. Otra contribución fue la  Quinta La Dependiente, edificada por la Asociación de Dependientes de Comercio de La Habana, donde eran atendidos muchos inmigrantes junto a sus familiares. 

Una de las más emblemáticas y conocidas quintas de salud inauguradas por los peninsulares fue la Quinta Benéfica del Centro Gallego de La Habana, hospital fundado en 1894 en Luyanó. Asimismo, gracias a la labor de las mujeres gallegas se edificó en la misma barriada el Hospital Hijas de Galicia, en el año 1924, donde muchas inmigrantes españolas consiguieron tener acceso a estos servicios, pues en ese período en Cuba a solo unas pocas emigradas les asistía el derecho de la asistencia sanitaria.

Debemos destacar que el barrio de Luyanó, en 10 de Octubre, acogió a gran parte de la colectividad gallega, a tal punto de que en las primeras décadas del siglo XX esta localidad se conocía como Nueva Galicia, por el alto índice poblacional de ese origen que allí convivía y mantenía sus tradiciones.

Si nos trasladamos a San Miguel del Padrón, hallaremos la Quinta Balear, creada por la asociación de esta colectividad en 1921, mientras que las Quintas Castellana y Canaria se radicaron en Arroyo Naranjo.

RUTA IV: DEL OCIO Y EL COMERCIO

La Habana, durante las primeras décadas del pasado siglo, fue conocida por la vida comercial y cultural que ofrecía. La inmigración española también formó parte indisoluble de esta dinámica, al estar presente en los más conocidos bares, restaurantes, cine-teatros, bancos, sociedades regionales, etcétera. Esta ruta, la del Ocio y el Comercio, se puede realizar en La Habana Vieja, y se inicia  por el Paseo del Prado, que recuerda al de Madrid. 

Una vez que se alcanza el Parque Central, solo hay que cruzar la avenida para admirar al hoy majestuoso Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, erigido por el Centro Gallego. La más emblemática edificación de la inmigración gallega en la Isla fue inaugurada en 1915 y, además de convertirse en una relevante plaza cultural, se ubicó como la casa social rectora de dicha comunidad no solo en La Habana, sino en todo el país. En sus salones se interpretó por primera vez el Himno Gallego. Frente a la sede del Centro Gallego, la colectividad asturiana también levantó, en 1923, su casa social en el impresionante inmueble donde en la actualidad radica la sede del Museo Nacional de Bellas Artes, específicamente su Edificio de Arte Universal.

El antiguo cine-teatro Payret, entre las obras que tomará nueva vida tras la reparación capital que en él acometerá la Oficina del Historiador de la Ciudad, clasifica como otro de los sitios de interés de esta ruta. Construido por un arquitecto catalán, fue muy frecuentado por sus compatriotas, especialmente para disfrutar de películas populares del cine español de la primera mitad del siglo XX que allí se exhibían. No muy distante se localiza el Plantel de Enseñanza Concepción Arenal, lugar donde residió por primera vez el Centro Gallego. 

De igual modo no se debe dejar de visitar el Teatro Martí, antiguo Irijoa, sede del teatro vernáculo cubano, que tenía entre sus personajes más famosos la trilogía del negrito, la mulata y el gallego, este último estereotipado en las obras teatrales como el hombre bruto, tacaño y fácil de engañar. 

La Asociación Canaria Leonor Pérez, la Federación de Asociaciones Asturianas, la Sociedad de Beneficencia de Naturales de Cataluña, la Casa de Cantabria y de Castilla y León son sociedades regionales que se distribuyen por espacios enclavados en esta ruta.

RUTA V: DEL DEPORTE

Un muy interesante trayecto está vinculado al significativo aporte de la inmigración española al Deporte en Cuba. Aún perduran en la ciudad espacios que evidencian esta herencia en disciplinas como el fútbol, la pelota vasca, el remo o el voleibol. 

Hay que decir que los colectivos españoles impulsaron intensamente el fútbol en la Isla. Se cuenta que cuando se enfrentaban gallegos y asturianos, los fanáticos del equipo vencedor se anotaban al final del partido el marcador en el rostro, como forma de mostrar esa rivalidad. En la actualidad existen dos lugares emblemáticos donde estos juegos se celebraban: los estadios Tropical, ahora Pedro Marrero, y Polar, terrenos donde en nuestros días se practican los partidos de la Selección Nacional de Fútbol. 

Como se sabe, la pelota vasca tuvo también en La Habana una importante presencia. Así, por ejemplo, el edifico Frontón Jai Alai de La Habana, en la calle Concordia, adquirió tal fama que a principios de siglo la gente lo denominaba el Palacio de los Gritos. El caso es que resultó un verdadero exponente del desarrollo de esta modalidad deportiva practicada por hombres. No se puede olvidar en este recuento a las mujeres pelotaris vascas, quienes tuvieron su espacio en el Frontón Habana-Madrid, situado en la calle Belascoaín, más conocido como La Bombonera, donde numerosas atletas asombraron al público habanero por su profesionalismo en la década de 1920.

RUTA VI: DE LA PARTIDA

Como cierre de este recorrido descubriendo una Habana que los inmigrantes españoles ayudaron a construir, llegamos a la ruta de La Partida, con la visita al Cementerio de Colón, considerado uno de los más importantes del mundo por su riqueza arquitectónica. En este impresionante camposanto descansan los restos de incontables inmigrantes españoles en los panteones construidos por todas las sociedades y centros regionales de La Habana.

En el cuartel Noreste (NE), uno de los cuatro en los que se divide la necrópolis atendiendo a los puntos cardinales, se halla, por ejemplo, la mayor cantidad de propiedades cementeriales adquiridas por los catalanes que se asentaron en La Habana durante el siglo XIX o por sus descendientes. La presencia hispana, que en muchos casos erigió suntuosos mausoleos y panteones, es, en realidad, muy fuerte de percibir en este cementerio-ciudad concebido en la etapa colonial. 

Con un bellísimo pórtico de mármol de Carrara, de 34 m de largo y 21 m de alto, que hace alegoría a las virtudes teologales: la caridad, la fe y la esperanza, esta obra, declarada Monumento Nacional el 18 de febrero de 1987, por su valor arquitectónico, escultórico y significado histórico-cultural, fue resultado de un concurso público. Un español, Calixto de Loira, graduado de la Real Academia de Nobles Artes de San Fernando de Madrid, la creó y diseñó. /

 

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