Melide, lugar espiritual de la Orden del Camino de Santiago
por Enrique Lillo Alarcón, Comendador de la Orden en Castilla La Mancha
Punto de encuentro de damas y caballeros de la Orden del Camino de Santiago, Melide es su lugar espiritual; también lo es para miradas de peregrinos que llegan a la antesala de Santiago.
La noche anterior, en el marco incomparable de la capilla real del Hospital de los Reyes Católicos de Santiago de Compostela, protegida su entrada por una reja metálica fabricada en el siglo XVI en los talleres toledanos, los novicios de la Orden juran y reciben su cargo acompañado por el Capítulo y el resto de las damas y caballeros, en un acto memorable para todos, que emociona cada año que acudimos a él. Allí prometen defender el Camino con honor, herencia de los antiguos fratres de Cáceres que, sin tierra que defender, acudieron a los canónigos agustinos de Llodio, se unieron a ellos en la defensa del Camino medieval por excelencia y se convirtieron en Caballeros de Santiago.
Al día siguiente, el domingo anterior a la fiesta del Patrón, las damas y caballeros reciben el escapulario del Apóstol, uniéndose con él a la espiritualidad del Camino, en un acto religioso celebrado en la iglesia del Sancti Spiritus de Melide. Más tarde se acude al Bosque de los Peregrinos que la Orden tiene en dicha villa, donde se reza por las damas y caballeros desaparecidos y los recién incorporados plantan su árbol, amén de otros actos significativos en su recinto.
No podía ser menos que Melide fuese la capital espiritual de la Orden del Camino de Santiago por muchas razones; porque allí acudimos damas y caballeros de todo el orbe a rezar y recibir nuestro escapulario de peregrino; porque allí se juntan los dos caminos más importantes que llegan hasta el Apóstol, el Camino Francés y el Primitivo o Histórico, desde allí los dos caminos se convierten en uno hasta Santiago; porque ese fue lugar escogido por los reyes de la dinastía Trastámara para conceder sus privilegios a su convento y hospital.
En efecto, en Melide se fundó un convento de frailes Terceros de la Orden de San Francisco que tenía anexionado un hospital para pobres y peregrinos.
Para fundar un convento y hospital se necesitaban medios, dineros, un mecenas que aportase los terrenos y maravedís necesarios para la edificación, un fundador que creyese en el proyecto; y no le faltó nada de eso al laborioso fraile. El fundador lo encontró en el notario de Melide Ferrán López, su primer fundador, junto a su mujer Aldara Gonzálvez, quien seguramente puso su condición, tal como exigían los primeros fundadores en otros conventos, quienes solicitaban ser enterrados en ellos, allí se encuentra su sepultura, tras el retablo mayor. La ayuda económica le vino de la mano del conde don Pedro de Trastámara que entregó bienes y diez dezmeros excusados para que aportasen lo necesario para el mantenimiento futuro del convento. Pero otros muchos acudieron en su ayuda, Andrés Sánchez de Gres entregó donaciones, mandas y limosnas; el obispo de Mondoñedo en cuya jurisdicción eclesiástica se encuadra el convento, concedió gracias y mercedes. Sobre todas ellas, la guarda, defensa y encomienda del rey Enrique II.
Una vez fundado el convento y hospital de Sancti Spiritus de Melide recibió a pobres y peregrinos que descansaron al amparo y hospitalidad de los monjes terceros franciscanos. Allí no faltó comida, ni refugio, ni consuelo para los cansados peregrinos que ya sentían próximo al Apóstol y su redención en el camino recorrido.
En la capilla de Santa Catalina se encuentra la sepultura de don Alfonso Vázquez de Insua, señor del Pazo de Vilar de Ferreiros, año de 1419, ataviado con armadura de caballero, que entregó números bienes al convento, y la de su mujer Teresa Rodríguez, en el fondo de la iglesia.
Es el conde de Monterrei, don Sancho Sánchez de Ulloa, quien mandó reconstruir la iglesia del convento que conocemos en la actualidad en el año de 1498, en memoria de su madre doña Inés de Castro, para lo que utilizó la piedra del castillo de Castro, destruido tras la Guerra Irmandiña. Allí quedaron enterradas las dos mujeres de su padre don Lope Sánchez de Ulloa, en la parte de la Epístola la primera, doña Leonor de Mendoza, fallecida el año de 1436; en el lado del Evangelio la segunda, doña Inés de Castro, que falleció el año de 1490.
De la destrucción de Melide tras la Guerra Irmandiña dio cuenta el gran viajero de finales del siglo XV, Hermann Künig, que partiendo del monasterio de Eynsedeln en el centro de Suiza, llegó hasta Compostela, en un recorrido de más de 2.400 km, regresando hasta Aquisgrán en un recorrido de otros tantos. Dice en su libro de viaje: Después, te aconsejo que cruces el puente al lado de los baños, tendrás desde ahí nueve leguas hasta la ciudad destruida.
Este importante lugar que tantos insignes caballeros han pisado, que tantos miles de peregrinos que recorren el Camino de Santiago han alcanzado y alcanzan cada día, es el lugar que nuestra Orden del Camino de Santiago utiliza para que las damas y caballeros se conviertan en humildes peregrinos el domingo anterior a la fiesta del Apóstol.




