Llegada de los Reyes Católicos a Santiago de Compostela

24 de Febrero de 2026 1:54pm
Redacción Caribbean News Digital
Santiago de Compostela

 

Cuando los Reyes Católicos llegaron a las inmediaciones de Santiago de Compostela en estos finales del siglo XV, pudieron contemplar una ciudad amurallada con numerosas puertas de acceso y sobresaliendo de todo ello la catedral del Apóstol. Mayor era el placer del romero que divisaba la torre de la catedral gótica desde el monte de O Gozo.

Santiago era una ciudad amurallada, de forma casi circular, con una distribución medieval de sus calles que no guardaban proporción ni paralelismo alguno. La vida se hacía en las calles; las casas eran lóbregas y frías y no tenían comodidad alguna, salvo la chimenea en la cocina para hacer un caldo caliente que reconfortase la humedad recibida durante el día y ayudase al sueño nocturno en un catre en sus cercanías. Las calles eran de tierra, de modo que las lloviznas un día tras otro las mantenían enlodadas y resbaladizas; numerosas eran las caídas en el barro, especialmente los foráneos que venían a rendir pleitesía al Apóstol, porque los vecinos tenían experiencia ancestral de andar sobre esos lodos. No mejoraba la situación las costumbres medievales de echar fuera de la vivienda todo lo que estorbaba, así que la humedad y los desperdicios de los vecinos producían malos olores, que sería un mal menor, pero sobre todo pestesenfermedades.

Cuando el peregrino atravesaba las huertas y ricas tierras de labor que rodeaban la ciudad y entraba por una de sus puertas de acceso, encontraba una ciudad bulliciosa donde se mezclaban vecinos y gentes de todas nacionalidades, y una ciudad pestilente donde mal se podía vivir.

Pero el desasosiego de los dignatarios de la catedral, deán y cabildo, siempre preocupados por los peregrinos que llegaban a la ciudad, que deseaban ofrecer lo mejor de la hospitalidad de Galicia, reclamaron a la máxima autoridad de los Reyes Católicos, que les diese licencia para comenzar a empedrar las calles de la ciudad, evitar los lodos y la basura que se tiraba en ellas. Así convertirían a esta ciudad en una de las primeras de peregrinación del mundo cristiano, y gracias a ellos hoy podemos pasear por calles limpias y empedradas con grandes losas.

Durante las tres semanas de estancia en Santiago hubo muchas ocasiones para la solemnidad litúrgica. En esa estancia coincidieron varias fechas señaladas, el 21 de septiembre San Mateo, misa solemne en la que actuaría la capilla real con sus cantos; terminados los actos litúrgicos, la reina, ya en su palacio, dio un real a cada romero, y se repartieron 105 reales. Dio también muchas limosnas a gente del lugar y foráneos en peregrinación.

Santiago de Compostela

La catedral de Santiago permaneció abierta día y noche a lo largo de los siglos, pues hasta el año de 1520 no se pusieron puertas en ella. Los romeros se refugiaban en su interior y se celebraban cultos continuamente, rezos, cantos, confesiones, sermones, procesiones de penitencia.

Los reyes y sus hijos, junto con su comitiva, velaron durante una buena parte de la noche, orando dentro de la basílica, junto al sepulcro del Apóstol, dentro del famoso “coro pétreo” que estaba separado del resto de la iglesia por una reja. Al otro lado de la reja se agolparon los romeros, y alguno se atrevió a pedir a la infanta Isabel alguna limosna, la reina lo advirtió y mandó al limosnero que diera real y medio a cada uno de aquellos peregrinos.

Algunos soldados y criados del conde de EscalasLord Scales, que acababan de servir al rey en la conquista de Loja, fueron peregrinos con la comitiva real. Se dio una limosna de diez florines al criado de cámara del rey de Inglaterra, Guillermo Marstum, que se le murió el caballo cuando iban a Santiago. Desde La Coruña partieron para Inglaterra en barco, y la reina les entregó algunos florines de oro para el pasaje.

Uno de los caballeros de Lord ScalesPedro de Alimanc, fue hecho prisionero en la batalla de Loja, fue vendido como esclavo y terminó en el mercado de Fez, llegó a enamorar y convertir al cristianismo a la hija de su amo, y ambos se fugaron hasta llegar a Córdoba. Llegaron en 1490 y la reina Isabel fue madrina de bautismo de la mora y del casamiento que se celebró en la capilla real.

Una importante circunstancia se dio en el camino. La reina iba dando muchas limosnas a los romeros que encontraba, los romeros iban por todos los caminos, no solo el francés. Como gran observadora no escapó a su percepción que el Camino de Santiago necesitaba de albergueshospitales de peregrinos. Hicieron para ello cuanto pudieron; en los territorios de la Orden de Santiago, la ManchaCampo de MontielSierra de SeguraProvincia de León se comenzaron a construir hospitales de pobres y peregrinos.

En Compostela existían desde siglos atrás instituciones hospitalarias en conventos y monasterios, en iglesias, pero se habían quedado anticuadas y cortas para el incremento de peregrinos, así que su principal atención se centró en la construcción de un amplio y moderno hospital que centralizase todos los que había dispersos por la ciudad, con gran dotación de medios.

Los reyes pensaron en un hospital para ejercer una de sus grandes obligaciones, la caridad cristiana, a un buen sector de la población española y europea. Una de las obras de caridad, de obligado cumplimiento, es dar posada al peregrino y atender a los enfermos. No era el mejor momento porque se necesitaba mucho dinero para finalizar la guerra de Granada, pero acometieron esta empresa porque era una necesidad.

Las obras comenzaron en 1492, pero dificultades económicas lo retrasaron hasta el año de 1499, cuando en una cédula de 3 de mayo los reyes ya católicos aseguraron que se construiría el hospital para atender a los peregrinos pobres y enfermos. Fue su arquitecto el célebre Enrique Egas quien concibió un edificio en forma de T, un avance sobre la norma de cruz griega; se edificarían dos claustros, uno para hombres y otro para mujeres. Los otros dos que ahora podemos ver no figuraron en el proyecto original. Detrás del ábside de la iglesia se puso una gran huerta para obtener provisiones.

Los reyes siguieron muy de cerca el proyecto; por ejemplo, decidieron que los tejados estuviesen forrados de cal y betún para evitar las humedades del clima gallego y que las juntas de las ventanas tuviesen cierres perfectos para que el viento y frío no pudiese penetrar; cada patio tendría su fuente con agua abundante, un lujo para aquel tiempo.

En la fachada se puso la dedicatoria que redactó el gran deán, Diego de Muros:

Los magnánimos reyes Fernando e Isabel lo mandaron construir para los peregrinos de Santiago. Comenzó la obra en el año de la salvación de 1501 Diez años más tarde quedó terminada.

Hoy día, además de Parador Nacional, es la sede de la Orden del Camino de Santiago, donde se celebra el Capítulo General de la Orden que, en un acto solemne, nombra a las damas y caballeros el fin de semana anterior a la fiesta del Apóstol.

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