Miles de turistas quedan varados en el Caribe tras operación militar de EE.UU. en Venezuela
La operación militar de Estados Unidos en Venezuela, que resultó en la captura de Nicolás Maduro, no solo ha sacudido la geopolítica regional, sino que ha desatado un caos aéreo sin precedentes en el Caribe. Aunque las aerolíneas estadounidenses fueron las primeras en reaccionar ante las restricciones de la FAA, el impacto se ha extendido rápidamente a compañías europeas, canadienses y latinoamericanas. Gigantes como KLM, Air Canada y LATAM se han visto obligados a cancelar o desviar vuelos, dejando a miles de turistas internacionales varados en aeropuertos saturados durante uno de los periodos vacacionales más concurridos del año.
En el Aeropuerto Internacional Reina Beatrix de Aruba, la situación fue crítica este fin de semana. Además de las suspensiones de firmas norteamericanas, la aerolínea holandesa KLM canceló vuelos clave que conectan Ámsterdam con las Antillas Menores, afectando a miles de pasajeros europeos. Por su parte, la sudamericana LATAM Airlines anunció la suspensión de sus rutas hacia Aruba y Curazao, priorizando la seguridad de sus tripulaciones ante la inestabilidad del espacio aéreo cercano a la costa venezolana. Estas cancelaciones se suman a las de operadores regionales como Avianca y Air Century, que también interrumpieron sus conexiones con el Caribe oriental.
El impacto en Canadá ha sido dispar, pero notable. Mientras que Air Canada intentó mantener la normalidad bajo las directrices de Transport Canada, la aerolínea registró retrasos en más del 60% de sus vuelos hacia la región y finalmente tuvo que cancelar decenas de operaciones. WestJet, por su parte, decidió suspender preventivamente sus vuelos a Aruba por "abundancia de precaución". Ambas compañías han activado políticas de flexibilidad total, permitiendo a los viajeros reprogramar sus regresos sin coste, aunque la disponibilidad de asientos es casi nula debido al cierre de la temporada de fiestas.
Las cifras de vuelos cancelados pintan un panorama desolador: solo en el Aeropuerto Luis Muñoz Marín de San Juan, cerca del 60% de las operaciones del sábado fueron anuladas. En Trinidad y Tobago, el Aeropuerto de Piarco se convirtió en un cuello de botella donde se quedaron en tierra vuelos de Caribbean Airlines y conexiones internacionales. La incertidumbre sobre la duración del conflicto ha llevado a las autoridades de Barbados y otras islas a declarar una situación de "interrupción extrema" en sus puertos de entrada, afectando también a los pasajeros que debían embarcar en cruceros.
Para mitigar el desastre, las aerolíneas han iniciado una carrera contra el reloj. American Airlines ha desplegado aviones Boeing 777-300, los más grandes de su flota, y ha tomado la medida excepcional de operar vuelos interinsulares en el Caribe oriental para mover a los pasajeros hacia nodos menos congestionados. JetBlue, que canceló más de 200 vuelos, y otras compañías como Southwest y United, están añadiendo frecuencias especiales desde el domingo para evacuar a los turistas que, como muchos europeos y canadienses, llevan días durmiendo en las terminales.
La seguridad sigue siendo la prioridad absoluta. Aunque la FAA ha levantado algunas restricciones, persisten los avisos para los operadores británicos y europeos sobre el riesgo de armamento antiaéreo y actividad militar intensa en un radio de 100 millas de Venezuela. Esta amenaza ha obligado a muchas aerolíneas a trazar rutas de desvío más largas, lo que incrementa los tiempos de vuelo y los costes operativos, factores que podrían repercutir en el precio de los billetes para el resto de la temporada de invierno.
A medida que el espacio aéreo se normaliza gradualmente, el foco se desplaza hacia la protección del consumidor. Con miles de historias como la de Julie Hurwitz o celebridades como Leonardo DiCaprio atrapadas por el cierre, la industria se enfrenta al reto de reubicar a una "marea humana" de viajeros varados. El inicio de 2026 quedará marcado en los registros de aviación no solo por el evento político en Caracas, sino por la fragilidad de la conectividad en una región que depende vitalmente de sus cielos abiertos.




