Crisis en el "Galápagos del Índico" deja a cientos de turistas atrapados en la isla de Socotra
Lo que comenzó como una expedición de aventura hacia uno de los ecosistemas más raros y biodiversos del planeta se ha transformado en un callejón sin salida diplomática.
Alrededor de un centenar de turistas extranjeros, entre los que se encuentran grupos significativos de estadounidenses, polacos y europeos, permanecen varados en la isla yemení de Socotra tras el cierre total de las vías de comunicación.
La isla de Socotra, un sitio declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y famoso por sus milenarios árboles de sangre de dragón, se había mantenido como un refugio seguro frente a la guerra civil que asola el continente yemení.
Sin embargo, la escalada de tensiones entre el Consejo de Transición del Sur (STC), respaldado por los Emiratos Árabes Unidos, y las fuerzas gubernamentales apoyadas por Arabia Saudita, ha provocado un estado de emergencia que ha cancelado todos los vuelos comerciales y sellado los puertos.
Incertidumbre en los campamentos
Testimonios directos recogidos por agencias internacionales pintan un cuadro de frustración y desconcierto. Gerrit van Wijngaarden, un ciudadano neerlandés-polaco que se encuentra en la isla con su familia (incluidos tres niños y un nieto), relató que lo que debía ser una estancia de una semana se ha extendido indefinidamente. "Muchos aviones llegaron, pero ninguno está saliendo", explicó.
El bloqueo es la consecuencia directa de un feudo regional que estalló la semana pasada, cuando Arabia Saudita bombardeó la ciudad portuaria de Mukalla tras acusar a los EAU de entregar armamento a las fuerzas separatistas del sur. Al estar Socotra bajo control de facto del STC, la isla ha quedado atrapada en el fuego cruzado de estas potencias, cortando el cordón umbilical aéreo que la conectaba con el mundo a través de los Emiratos.
Aunque los turistas reportan que no hay escasez de alimentos ni suministros, la falta de una fecha de retorno y la ausencia de apoyo oficial en el terreno han convertido los idílicos paisajes de la meseta de Diksam en una jaula de oro para cientos de viajeros.




