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Neruda: 24 poemas por segundo

13-12-2016

Por Jorge Fernández Era

El filme Neruda, de Pablo Larraín, llega al Festival del Nuevo Latinoamericano de La Habana precedido de no pocos favores del público y de la crítica, y también de ciertos cuestionamientos a la mirada poco ortodoxa con que está planteado un pasaje de la vida del Premio Nobel de Literatura. Luis Gnecco, el actor chileno que lo representa, está entre nosotros y ofrece, para Arte por Excelencias, su visión de lo acontecido con esta coproducción de Argentina, Francia y España.

«La película desmonta, afortunadamente, la imagen que tenemos de Neruda. A mí no me parece ni me parecerá interesante actuar una película de principio a fin sin mayor misterio, sin mayor elaboración. Eso es lo que hace que el filme haya llegado a ser lo que es, el éxito que ha tenido. Cuando Larraín me dio el guion me di cuenta de que era una antibiografía. Me atrajo mucho: a partir de la vida de Pablo Neruda y de la historia de Chile se cuenta una historia que podría ser la de otro artista, para hacer un canto a la ficción, una película nerudiana en todo su amplio espectro».

Gnecco (Santiago de Chile, 1962) es conocido en su país por su incursión en la televisión, sobre todo en programas de corte humorístico. El cine ya lo tuvo en filmes como Padre nuestro y Chile puede. Ahora asume a un Pablo Neruda nada convencional.

«La película —declara— gustó mucho en Cannes, lo mismo al público que a la crítica. A todo el mundo, especialmente a la prensa norteamericana, le fascinó el juego narrativo que propone. Los latinos nos preguntan por qué Pablo Neruda está desacralizado; los españoles, casi molestos, nos arrostran que es una caricaturización.

En Chile yo sabía que iba a pasar. Conocemos la figura de Neruda, la hemos (mal)estudiado como la del poeta romántico, y Neruda es infinitamente más que eso, él es mucho más político que romántico. Todo el mundo tiene una imagen de Neruda, su propio Neruda, para bien o para mal. Y entonces dicen: este no es él, esto no pasó o sí pasó. En Chile nos cuesta ficcionar, pretendemos que las películas sean un reflejo de la realidad tal cual son, y eso es un prejuicio, para ello están los documentales y el periodismo. A mí me gustan esos quiebres, esas torceduras de la realidad muy propias del cine de Pablo Larraín y del guion de Guillermo Calderón, que le da una voz auténtica, coherente, casi nerudiana al mismísimo Neruda. La sigo viendo y pienso que tiene una larga vida por delante».

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