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Mercado de mariscos: urge su transformación

26-06-2015

Darma L. Zambrana

Pasar por el mercado del marisco con las ventanillas abiertas del coche hace arrugar la nariz a más de uno, imagínese lo que es circular entre los puestos de venta de mariscos y pescados pisando charcos de agua nauseabunda y pringosa y salir con la ropa impregnada de olores.

Y no se trata del olor a marisco o del aroma del mar, que si así fuera sería más bien un deleite pues la mayoría de los frutos marinos que se venden allí son frescos, se trata de la falta de higiene, de las condiciones inadecuadas en las que se manipula pescados, calamares, almejas, pulpos, cangrejos, etc., de la ausencia de congeladores y neveras en cada puesto que ayuden a combatir el intenso calor de estas últimas semanas y evitar la descomposición de residuos, de la ineficiente disposición de los desechos sólidos y líquidos, en fin…

Sin duda es un atractivo para el turista que cuando llega a Panamá no puede entender que en este país, donde en menos de una hora cruzas por tierra de un océano a otro, haya tan pocos lugares para comprar productos del mar frescos y vivos.

Si a eso le sumamos la poca cantidad de estacionamientos con que cuenta el sitio, pues ya tenemos los ingredientes necesarios para eliminar el mercado del marisco de la lista de productos turísticos de la ciudad capital.

El Mercado del Marisco se inauguró en el primer año del gobierno de Ernesto Pérez Balladares, antes estos productos se vendían en una sección del que fuera el mercado público del Terraplén. Actualmente como explicaron algunos vendedores, abre sus puertas a las 4 de la mañana y a eso de las 6 empiezan a llegar los primeros clientes, que pasan por allí para desayunar, comprar ceviche para llevar o los ingredientes necesarios para el restaurante o la casa.

Los clientes no dejan de llegar desde esa hora hasta las 5 de la tarde cuando se cierra el mercado. Extranjeros y nacionales buscan ingredientes frescos, limpios y en buen estado y también disfrutan de un plato de pescado fresco o salpicón de mariscos, sancocho, o diferentes tipos de ceviche acompañados de una cerveza fría, en las fondas ubicadas a un costado del marisco, mirando al mar.

Alguien comparó, con más amor patrio en la mirada que objetividad, esta batería de fondas con el Fisherman’s Wharf,  que antiguamente era un muelle de pescadores y hoy es un lugar bullicioso y turístico, muy concurrido, con puestos ambulantes donde comer deliciosos cangrejos o la famosa sopa de almejas por ejemplo. Nada más lejos de la realidad, aunque el área de presta.

La Alcaldía de Panamá presentó este año un proyecto de remodelación de este mercado que tendrá un costo de algo más de 300 millones de dólares. Entre las mejoras se encuentran la construcción de un cuarto frío, un compartimiento refrigerado para guardar los restos de los productos hasta que sean retirados, la renovación del sistema de tuberías y electricidad y cámaras vigilancia. Es urgente que lo implemente.

Adicionalmente será necesario hacer un gran esfuerzo para cambiar la mentalidad de los vendedores del área, enseñarles y exigirles normas de calidad, higiene y salubridad y darles un curso de “cultura turística”, tan de moda en estos días para que el trato al turista sea de lo mejor y el Mercado del Marisco pase de ser un atractivo a un producto turístico bien terminado.

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