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Primeras derrotas en feroz batalla por el mercado aéreo cubano

20-03-2017

Por: Leonel Nodal (Especial para CND y Excelencias Cuba)
Silver Airways y Frontiers salen derrotadas en feroz batalla por el mercado aére

El abandono de los aeropuertos cubanos por parte de la compañía Silver Airways, revela la dura batalla que libran las líneas aéreas de Estados Unidos para posicionarse en la mayor de las Antillas, en una estratégica guerra comercial por el prometedor mercado caribeño.

Incapaz de encarar la dura competencia que se registra hoy en las pistas que unen a una decena de aeropuertos en Cuba con las principales terminales norteamericanas, excepto Washington, Silver cancelará sus 21 vuelos semanales a partir del 22 de abril.

A mediados de 2016, Silver Airways recibió autorización del Departamento de Transporte de Estados Unidos para volar a los aeropuertos de Santa Clara, Camagüey, Holguín, Cienfuegos, Manzanillo, Santiago de Cuba, Varadero, Cayo Largo y Cayo Coco.

De ese modo, la pequeña compañía del sur de la Florida, que explota una flota de aeronaves del tipo Saab 340B Plus, de 34 asientos, de reducidos costos operacionales y alta rentabilidad, adquirió derecho a volar a más localidades en Cuba que cualquier otra línea aérea de Estados Unidos.

Lo primero que evidencia la cancelación de vuelos por Silver Airways es la imprevisión, falta de visión y de un estudio mínimo de la demanda en tan diversos destinos finales, en un país hasta entonces inexplorado, al que de repente se abría amplio acceso.

 

Salta a la vista que los ejecutivos de Silver Airways se engolosinaron con las “tremendas oportunidades” que ofrecía el destino cubano, sin reparar en detalles comerciales elementales. La compañía consiguió su propósito de explotar tantas rutas como fuera posible conseguir. Solo quedó excluida de los vuelos a La Habana, reservados para aviones de mayor porte.

La publicidad positiva generada por el restablecimiento de relaciones diplomáticas y la apertura de embajadas en Washington y La Habana, a mediados de 2015, funcionó como un detonante en todos los países emisores de viajeros a Cuba, que   crecieron a porcentajes inesperados, incluso Estados Unidos

Cuba asumió con serenidad el reto de recibir una cifra mayor e inesperada del mismo tipo de visitantes procedentes del vecino país del Norte, a los que de hecho venía recibiendo en porcientos nada despreciables mediante vuelos charter.

En 2015 Cuba recibió 4 783 vuelos charter, mientras que al cierre del primer semestre de 2016, cuando se ultimaban los detalles para el inicio del tráfico regular, ya habían aterrizado 3 452 vuelos charter.

Los vuelos regulares comerciales solo impondrían otra clase de dificultades, de ahí que ante la petición por parte de las líneas estadounidenses de 110 vuelos, las autoridades de ambos países acordaran que fueran 20 a La Habana y 90 a otros 9 destinos.

Al cierre de junio de 2016, el turismo internacional cubano registraba un crecimiento del 11.7 %, al arribar al país 2 millones 147 mil 919 visitantes, 224 mil 616 más que en igual período del año anterior.

Al término de 2016, un informe oficial señaló que 613 mil personas viajaron de Estados Unidos a Cuba, de ellos 329 mil cubano-americanos y 284 mil 937 norteamericanos, este último dato representó 74 por ciento de crecimiento respecto al año anterior, y la tendencia se mantiene en 2017.

El 31 de agosto de 2016, después de un receso de más de 50 años, un Airbus A320 de JetBlue abrió la ruta de Fort Lauderdale a Santa Clara. Al día siguiente inició sus vuelos Silver Airways.

 

Debido a que las solicitudes de líneas aéreas para viajar a La Habana triplicaron la cantidad prevista por ambos gobiernos, su adjudicación demoró más de lo previsto.

Antes de cumplirse seis meses de sus operaciones hacia Cuba, Silver ya había reducido los vuelos semanales a seis ciudades cubanas, dado lo que llamó "demasiados vuelos y aviones de gran tamaño" de Estados Unidos, y comenzó a usar su avión Saab de 34 asientos para centrarse en el servicio a las Bahamas.

Entretanto, Frontier, con sede en Denver, dijo que pondría fin a su vuelo diario Miami-La Habana el 4 de junio, debido a un exceso de capacidad y costos operativos que fueron "significativamente" más altos de lo esperado.

Expertos del mercado aéreo señalaron que Frontier habitualmente se apresura a abandonar rápidamente los servicios de bajo rendimiento, en tanto Silver se había quejado de la capacidad que sus rivales volcaban sobre la isla.

Aunque el número de viajeros procedentes de Estados Unidos (norteamericanos y cubanoamericanos) que vuela a La Habana no ha dejado de aumentar, algunos expertos señalan como poco  probable que haya mercado suficiente para tanta oferta.

Michael Zuccato, de Cuba Travel Services, una empresa de vuelos charter, amenazada por la pérdida de mercado al abrirse tantas  posibilidades de reserva y viaje, advirtió que había muchos asientos disponibles. “No creo que esas rutas vayan a llenarse”, dijo a The New York Times.

Desde principios de este año, American Airlines Group, la mayor aerolínea que vuela a Cuba, redujo el servicio diario un 25% y cambió a aviones más pequeños en algunas rutas.

Mientras tanto, JetBlue Airways ha anunciado que utilizará aviones más pequeños en varias rutas para satisfacer una demanda inferior a la prevista.

Misty Pinson, Jefa de Comunicaciones de Silver Airways, alegó que los directivos de esa compañía siguen pensando que los mercados pequeños son mejor servidos por los aviones Turbo, pero admitió que sus competidores inundan el mercado con asientos baratos.

 

Esa una de las razones de peso que ha sacado del juego a la compañía floridana, que con sus pequeños aviones tampoco tiene capacidad para asimilar los volúmenes de equipaje con los que viajan usualmente a la Isla los pasajeros cubanoamericanos.

Pinson se quejó  de que JetBlue Airways está volando con aviones Airbus A320s de 150 asientos, desde Fort Lauderdale a Camagüey, Holguín y Santa Clara, mientras que Southwest Airlines vuela con los Boeing 737-700s de  143 asientos a Varadero y Santa Clara. Incluso –dijo- cuando Jet Blue se mueve con aviones más pequeños, lo hace utilizando los Embraer E190s de 100 asientos.

En su opinión, otras compañías también siguen sirviendo el mercado con demasiados vuelos y grandes aviones, lo que a su juicio eleva la oferta a tres veces más de lo necesario para la demanda actual.

Otras de las debilidades de Silver, que admitió Pinson, es su ausencia en las listas de viajes a Cuba de las grandes agencias de viaje on line como Expedia, Orbitz y Priceline.

También reconoció la falta de acuerdos de código compartido con otras líneas aéreas que explotan el destino cubano, lo que la afecta particularmente fuera de la Florida, donde es poco conocida por los consumidores.

A juicio de especialistas de la industria turística y la aeronáutica, el fracaso de Silver Airways y Frontier en su aventura cubana se debe mucho más a su propia falta de visión y evaluación del mercado, que a la competencia de sus rivales, que también  enfrentan dificultades, pero con mayor capacidad de maniobra.

La apertura del destino cubano, después de medio siglo de prohibiciones los deslumbró y con cierta razón.

Desde hace 15 años un estudio difundido por Cuba Policy Foundation (CPF) -un centro de estudios estadounidense, que incluyó a ex diplomáticos norteamericanos y congresistas, estimó que el levantamiento de las restricciones que el gobierno norteamericano impone a sus ciudadanos para viajar a Cuba beneficiaría a empresas turísticas, cruceros y líneas aéreas de Estados Unidos con ganancias por 500 millones de dólares y la creación de 3 700 puestos de trabajo en un año.

El propio estudio destacó que al quinto año las ganancias ascenderían a 1 900 millones de dólares y los empleos a 12 mil 180.

Ya desde una fecha tan lejana como julo de 2002, la la ex embajadora Rally Grooms, presidenta de la CPF, subrayó el visible el interés de los estadounidenses por viajar a Cuba.

En su opinión, en el primer año tras el levantamiento completo del embargo, por lo menos un millón de norteamericanos visitaría la Isla y para el quinto año llegaría a los cuatro millones.

La fiebre de vuelos hacia Cuba vino sin “ningún dato como para dar una idea de lo que sería el nivel de la demanda", dijo Doug Parker, máximo responsable de American Airlines, el 2 de marzo en una conferencia de aviación. "Hemos errado a favor de crear más plazas que menos, y ahora lo hemos ajustado."

Por su parte, Gary Kelly, máximo responsable ejecutivo de Southwest Airlines, dijo a finales del mes pasado a sus empleados que "la consigna por ahora es la paciencia".

Kelly dijo que la aerolínea no tenía "altas expectativas" para sus seis vuelos diarios a La Habana y otras dos ciudades. "Fuimos a Cuba con la idea de que nos quedaríamos con ellos durante bastante tiempo —al menos un año— y que luego volveríamos a evaluar, darles tiempo para desarrollarse.

Tenemos inversiones mínimas en estos vuelos, y en el negocio de la aerolínea, si no gusta ese mercado, se puede reubicar fácilmente el avión".

Según escribió el analista Brian Sumers en Skift, la mayoría de las grandes líneas aéreas de Estados Unidos ven a Cuba como una jugada a largo plazo, por lo que no les importa volar aviones vacíos y perder dinero en el corto plazo.

Por supuesto, ni Silver Airways ni Frontier Airlines pueden sostener esa apuesta.

Las cifras más recientes sobre el número de viajeros que incursiona en Cuba respaldan la apreciación de las grandes líneas áereas.

El número de viajeros estadounidenses que ingresó a Cuba en enero de 2017  ascendió a 43 200, un aumento de 125 por ciento, respecto a igual mes de 2016. En tanto, la cifra total de visitantes procedentes de Estados Unidos en el primer mes de este año totalizó 74 000 visitantes, si se añaden los 31 000 cubanoamericanos, cifra que también aumento 78 por ciento respecto al mes anterior.

No todos vinieron en avión. La apertura de los puertos y marinas cubanas a cruceros y yates norteamericanos desde diciembre ya ha comenzado a modificar de manera sustancial la estructura de los ingresos al país.

Pero ni siquiera la incógnita abierta por la nueva administración del presidente Donald Trump ha desanimado a las principales líneas aéreas estadounidenses.

“No podemos especular respecto a cuál será el próximo paso de Trump, puedo asegurarle que nosotros seguimos avanzando nuestra maquinaria, le dijo a la AP el Gerente de American Airlines en La Habana, Galo Beltrán.   

 

A finales de diciembre de 2015, mientras se negociaba la apertura de los vuelos comerciales regulares a Cuba, el analista Rich Thomaselli alertó en Travel Pulse que las grandes líneas aéreas como American Airlines y Jet Blue  habían iniciado una expansión hacia otros destinos en el Caribe, como parte de lo que podría ser una estrategia para utilizar a la mayor de las Antillas como principal atracción en el área caribeña.

American añadió vuelos desde Dallas a Gran Cayman y Punta Cana, en República Dominicana; desde Los Ángeles hasta Montego Bay, Jamaica, y desde Charlotte a Curazao y Puerto Plata, en República Dominicana.

Jet Blue también anunció nuevos vuelos directos entre Fort Lauderdale y Aguadilla, Puerto Rico. Jet Blue opera 145 vuelos diarios desde Fort Lauderdale hacia el Caribe y Latinoamérica.

Según destacó Thomaselli, esas movidas son importantes tanto para American y Jet Blue. En tanto las dos escogieron ciudades desde las que lanzarían vuelos a Cuba, opinó, sus destinos en el Caribe y Latinoamérica también podrían servir de trampolín.

El vicepresidente de Jet Blue, Marty St. George, calificó de histórico aquel día que su compañía se convirtió en la primera aerolínea estadounidense en viajar comercialmente a Cuba en más 50 años.

 “Sabemos que existen desafíos, pues Cuba es particular, debido a los últimos 50 años de la historia común con Estados Unidos, y estamos preparados para asumirlos”, enfatizó el alto ejecutivo.

Todo indica que seis meses después de aquel día histórico ha llegado la hora de enfrentar un desafío decisivo.

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