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El Taguabo de Gibara, Galván y Natalia

20-04-2017

Por Jorge Fernández Era

«Con esta sencilla conferencia queremos homenajear al Maestro Galván, que bajo las orquídeas del jardín, y con el recuerdo de su Villa Blanca y de la mano de Taguabo, el 7 de julio de 2011 tocó su melodía eterna y aún hoy permanece libre en el susurro del aire, en el arrullo del mar, en el aroma de la tierra y en la armonía de sus amigos y de su ciudad natal Gibara».

Así concluyó la etnóloga Natalia Bolívar su conversatorio «El Taguabo de Gibara. Homenaje a Manuel Galván», como parte del Festival Internacional de Cine de Gibara, que transcurre en estos días y que entregará sus premios el próximo sábado 22 de abril. La disertación, compartida con su hija Natacha y conducida por el Premio Nacional de Literatura Reinaldo González, contó con la asistencia de un nutrido público que abarrotó los espacios de la Casa de la Cultura de la localidad. Entre los presentes se podía reconocer al actor Benicio del Toro, a las actrices cubanas Adela Legrá y Eslinda Núñez —dos de las Lucías del filme homónimo de Humberto Solás—, y a Jorge Perugorría, actual presidente del evento, quien junto a Vladimir Cruz —también presente—, protagonizara el filme Fresa y chocolate, de Tomás Gutiérrez Alea.

Al decir de Reinaldo González, Natalia Bolívar fue la primera persona que, «desde los tiempos de Lidia Cabrera organizaba el panteón yoruba que domina la Regla de Osha, la cultura general de nuestras creencias en Cuba y desde Cuba (…). Natalia desempolvó un misterio sobre el cual se habían extendido muchas redes diferentes; Los orishas en Cuba fue el nombre que le quiso poner y fue realmente un suceso (…). Natalia es los colores de la Isla, es los colores y los olores del trópico, es las sazones con que alimentamos a nuestros orishas y después ponemos en la mesa de la casa».

En la conferencia, la Bolívar hace un repaso de las creencias de nuestros antepasados aborígenes y sus puntos de convergencia con las de los ancestros africanos de la cultura cubana a través de la figura de Manolo Galván, un guitarrista y compositor gibarense, cubano y universal, cuya historia espera aún se le ponga en su justo lugar por todo lo que le debemos. «El sonido de la música —nos dice Natalia— penetra y encuentra una resonancia diferente en el espíritu de quien lo escucha, porque como diría Goethe, poeta y dramaturgo alemán, “el hombre lleva la música en sí mismo”». Y Galván fue la música cuando acompañó a Los Zafiros y muchos años después formó parte del Buenavista Social Club, o cuando gravó junto a su hija y a su yerno Juan Antonio Leyva el disco Bluechachá, también recordado en el conversatorio con la exhibición del documental del mismo nombre que honra la trayectoria de Manolo.

«Natalia junta a los pecadores y los santos —nos dice Reinaldo González—, y esos son los que van al tambor, y esos son los que esperan que el caracol les diga qué va a pasar mañana». Y pecadores y santos le aplaudimos y agradecimos a ella este encuentro en Gibara con la obra de Galván, que espera un mañana tan reluciente como ese ayer que defendió en vida.

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